Un paso de crecimiento para la Familia de Schoenstatt de Quilmes

Con alegría y gratitud, la Familia de Schoenstatt de Quilmes ha dado recientemente un importante paso en su camino de crecimiento y maduración al conformar su Consejo de Familia Diocesano.

Más que una nueva estructura organizativa, se trata de un signo de vida. Allí donde crecen las comunidades, donde surgen nuevas iniciativas apostólicas y donde el Santuario se convierte cada vez más en corazón espiritual de una diócesis, nace también la necesidad de encontrarse, dialogar, escucharse y caminar juntos.

El Consejo de Familia Diocesano es una instancia de encuentro y conducción que busca animar la vida de toda la Familia de Schoenstatt en la diócesis. Reúne a representantes de las distintas comunidades y expresiones apostólicas que comparten una misma misión: hacer presente el carisma de Schoenstatt en la Iglesia y en la sociedad.

En nuestra diócesis participan de este espacio representantes de las Ligas Apostólicas (llamadas comúnmente Ramas) de Familias, de Madres y de Juventud Femenina; también participan los responsables de la Pastoral del Santuario, de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina, de los Madrugadores y de otras iniciativas que, desde diferentes vocaciones y caminos, buscan servir a la Mater y colaborar con la misión evangelizadora de la Iglesia.

Los encuentros permitieron descubrir con renovada fuerza la riqueza y diversidad de nuestra Familia. Uno de los participantes expresaba con sencillez: “Es una alegría descubrir que en la Familia de Schoenstatt cada uno encuentra su lugar según su originalidad y su llamado a la santidad.”

Schoenstatt siempre se ha caracterizado por ser una gran familia. En ella cada persona encuentra un camino concreto para crecer en la fe, desarrollar sus dones y responder a la misión que Dios le confía. Las distintas ramas y comunidades no son compartimentos aislados, sino expresiones de una misma corriente de vida que nace en el Santuario y se proyecta hacia la Iglesia y el mundo.

En este contexto cobran especial importancia las Ligas Apostólicas, comunidades diocesanas de hombres, mujeres, familias, juventud y sacerdotes que buscan vivir con mayor compromiso la espiritualidad de Schoenstatt y realizar un apostolado estable en sus ambientes. Ellas constituyen una parte fundamental de la vida de la Familia y aportan su riqueza propia al conjunto.

Junto a ellas, la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina continúa llevando la presencia de la Mater a hogares, escuelas, hospitales, lugares de trabajo y a tantos rincones donde una imagen peregrina se convierte en portadora de las gracias del Santuario, y se vuelve un signo de fe, de esperanza, paz y cercanía de Dios.

También la Pastoral del Santuario realiza una labor silenciosa y constante para acoger a los miles de peregrinos que llegan semanalmente, acompañar sus búsquedas, sostener espacios de oración y ofrecer experiencias de encuentro con Dios y con María. Gracias a la entrega de tantos servidores, el Santuario sigue siendo un hogar abierto para todos.

Los Madrugadores, por su parte, aportan el testimonio de hombres que desean crecer en la fe, fortalecer su vida familiar y asumir con responsabilidad su misión en la Iglesia y en la sociedad. La presencia de los responsables de cada Rama y Acción en el Consejo diocesano, enriquece la mirada de conjunto y fortalece los vínculos entre las distintas comunidades.

Durante los encuentros surgió también la conciencia agradecida de pertenecer a algo mucho más grande que la propia realidad local. Uno de los participantes compartía: “Qué lindo saber que Schoenstatt es una gran familia, que no somos sólo nosotros aquí en Varela, sino también en muchos lugares del país. ¡Qué lindo saber que formamos parte de una familia muy grande!”

Otro expresaba: “Que podamos acompañarnos en el crecimiento de las comunidades en torno al Santuario, que podamos conocer lo que los otros hacen, nos enriquece.”

Y una reflexión resonó particularmente en el corazón de varios participantes: “Me llega profundo saber que en Schoenstatt podemos crecer en la conciencia de nuestro rol como laicos en la Iglesia y en la sociedad, ese rol que nos lleva a transmitir nuestro mundo de valores allí donde nos toca desempeñarnos desde nuestra realidad cotidiana, en las familias, en las profesiones y en nuestros trabajos.”

Quizás ese sea el mayor regalo de este nuevo paso: descubrir que somos una sola Familia, llamada a caminar unida en torno al Santuario, enriqueciéndonos mutuamente con nuestras diferentes originalidades y desde los diferentes servicios que hacemos, para que la Mater pueda seguir regalando sus gracias y formando apóstoles para nuestro tiempo.

Confiamos este nuevo camino a la Mater Tres Veces Admirable y le pedimos que siga educándonos como verdadera Familia de Schoenstatt, unida en la Alianza de Amor y al servicio de la Iglesia de Quilmes.

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