Un santuario que escucha y no deja a nadie atrás

Del jueves 3 al domingo 6 de septiembre, en la Casa Franciscana de San Antonio de Arredondo, Córdoba, se realizó el Encuentro Nacional de Pastoral de Santuarios, organizado por la Subcomisión de Pastoral de Santuarios de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), acompañada por Mons. Jorge Torres Carbonell.

Representando al Equipo de Servidores de nuestro Santuario de Nuevo Schoenstatt participaron María Parrotta, Patricia Peralta, María Villa y la Hna. María Ester.

El encuentro reunió experiencias de distintos Santuarios de la Iglesia argentina y permitió compartir realidades, renovar la misión y profundizar especialmente en una actitud fundamental para quienes reciben y acompañan a los peregrinos: la escucha.

En el Encuentro participaron diferentes expositores: Mons. Jorge Lozano desarrolló el tema de la escucha en los Santuarios, mientras que el Cardenal Ángel Rossi profundizó —a la luz de las enseñanzas del Papa Francisco— en la importancia de la atención y el acompañamiento de quienes llegan a nuestros Santuarios llevando consigo una profunda carga emocional, situaciones de dolor o historias difíciles.

Los días de reflexión estuvieron marcados por imágenes propias de nuestra cultura y folklore argentino. Entre las experiencias compartidas, servidores de Santiago del Estero presentaron una imagen sencilla y muy significativa que ayudó a comprender la misión del servidor: la del “perrito cabrero”. En el campo, este animal acompaña al rebaño y, cuando una cabra se pierde, permanece junto a ella. No vuelve hasta que la cabra puede volver también. La imagen quedó resonando como una expresión muy concreta de lo que significa servir: estar en medio del pueblo, conocer sus realidades y caminar con él, sin dejar de pertenecer a Cristo. Y por eso, no dejar atrás a quien está herido, perdido o necesita más tiempo para volver.

Para quienes participaron, fue muy significativo conocer el testimonio de jóvenes del Hogar de Cristo, que construyeron con sus propias manos el Santuario de Caacupé, en el Barrio 31 de CABA, y que hoy continúan sirviendo allí con orgullo y sentido de pertenencia. Se trata de un Santuario situado en una zona marcada por la violencia y el narcotráfico, que este año recibió alrededor de 50.000 peregrinos.

Una escucha que ya está presente en nuestro Santuario

Las experiencias compartidas en este Encuentro permiten mirar también una realidad que ya se vive en Nuevo Schoenstatt. Cada fin de semana, las Hermanas y un grupo de Servidores ofrecen la Pastoral de la Escucha los sábados y domingos a partir de las 14 horas, disponiéndose a recibir a quienes necesitan ser escuchados, acompañados y acogidos. Porque muchas veces quien llega al Santuario no necesita primero una respuesta. Necesita encontrar un corazón dispuesto a escuchar.

Esta actitud forma parte también de la misión de los 46 servidores que actualmente integran el equipo de Nuevo Schoenstatt. Se trata de voluntarios que asumen su servicio por un año, después de haber sellado la Alianza de Amor y realizado una experiencia previa de servicio que les permite descubrir, junto con Dios y la Mater, en qué área están llamados a servir. Una vez realizado este proceso, cada servidor asume formalmente su compromiso y, antes de comenzar su ciclo de servicio, una vez firmado su contrato de voluntario, reza a los pies de la Virgen la oración de consagración de servidores, poniéndose a disposición de Ella para ayudar, a través de su equipo, a generar una vivencia religiosa en los peregrinos que llegan al Santuario.

Conclusiones del Encuentro

Según expresó Mons. Jorge Torres Carbonell, uno de los aspectos destacados del encuentro fue el clima de fraternidad y el reconocimiento de la labor que cada servidor realiza en las distintas realidades y experiencias de los Santuarios del país.

Quizás una de las preguntas que deja este encuentro, aun para quienes lo seguimos desde afuera, sea justamente esta: ¿qué significa hoy hacer de un Santuario un lugar que escucha?

No se trata solamente de abrir las puertas, sino de estar dispuestos a recibir la historia concreta de cada persona que llega. A veces será necesario orientar, otras veces acompañar en silencio y, en muchas ocasiones, simplemente permanecer junto a quien necesita tiempo para retomar su camino.

En definitiva, un Santuario es también ese lugar donde nadie debería sentirse perdido o dejado atrás. Un lugar donde, a través de quienes sirven, María pueda hacer experimentar a cada peregrino que hay un espacio para él y que siempre es posible volver a casa.

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