“Madre, me llamas, aquí estoy”: una Alianza que enciende el corazón

Bajo el lema “Madre, me llamas, aquí estoy”, el Santuario de Nuevo Schoenstatt abrió sus puertas el 17 de octubre para celebrar la Alianza de Amor en vísperas del gran día. Fue una jornada de oración, misión, música y encuentro, preparada con dedicación y alegría por toda la familia del Santuario.

La mañana comenzó con la Santa Misa de las 7, especialmente dedicada a los servidores que sostienen la vida pastoral cotidiana de esta casa de la Mater. Al finalizar, renovaron su consagración a María, reafirmando una convicción que anima su entrega: servir nos purifica y nos hace bien. Con esta disposición, se prepararon para recibir a los peregrinos y compartir con ellos la alegría de saberse convocados por la Mater.

Un lugar para encontrarse con Jesús y María

Desde temprano, el Santuario ofreció espacios de oración y encuentro personal con Jesús y la Mater. La adoración eucarística invitó a hacer una pausa, poner la propia vida en manos de Jesús y confiarle las intenciones y las personas queridas.

También la imagen de la Virgen, engalanada para salir al encuentro de sus hijos, esperaba el momento de recorrer los alrededores y visitar a los vecinos de Florencio Varela. La misión había comenzado días antes, cuando misioneros y colaboradores recorrieron las calles para anunciar su visita. Así, la Fiesta de la Alianza se fue preparando en cada conversación, invitación y puerta abierta a María.

Una misión que se renueva

Los misioneros de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina renovaron su compromiso de llevar la imagen de María a los hogares y acercar su mensaje de amor y esperanza a las familias de las diócesis donde desarrollan su apostolado.

Esta renovación recordó que la Alianza de Amor trasciende los muros del Santuario: se prolonga en la vida cotidiana y se hace concreta cuando nos ponemos al servicio de los demás.

En ese marco, los peregrinos también participaron de un Rosario Iluminado en la Iglesia de Dios Padre, un momento de oración comunitaria en el que, a través de la luz y el rezo del rosario, pusieron sus intenciones en manos de María.


En esa misma corriente de oración se enmarcó la campaña de rosarios ofrecidos por la venida y la salud del Papa y por los voluntarios que colaborarán en su visita a la Argentina. Durante la Fiesta se reunieron más de 500 rosarios rezados y donados por los peregrinos, que quisieron sumarse a esta iniciativa y ofrecer su oración por estas intenciones.

Música, tradición y alegría para recibir a nuestra Reina

La música y la cultura también fueron protagonistas. Los bailes folclóricos llenaron de color la jornada y acercaron a los presentes a sus raíces y tradiciones, mientras que la Banda de la Policía dio un marco especial al homenaje a nuestra Reina.

Los puestos, los espacios de escucha, el Rosario Iluminado y las distintas actividades invitaron a compartir el día en familia. Detrás de cada propuesta estuvieron quienes prepararon los espacios, recibieron a los peregrinos y ofrecieron su tiempo y sus talentos para regalarle a María una fiesta hecha con amor.

48 personas sellaron su Alianza de Amor con María

Uno de los momentos más significativos fue la Misa central en la que 48 personas sellaron su Alianza de Amor con María. Entre ellas hubo jóvenes que se preparan para recibir la Confirmación, jóvenes del Hogar de Cristo que transitan un camino de sanación y esperanza, y peregrinos que se acercan habitualmente al Santuario en busca de encuentro y renovación interior.

Sus distintas historias encontraron un punto de encuentro en la Mater. La Alianza de Amor se manifestó así como una invitación abierta, capaz de acompañar a cada persona en su camino y de renovar la confianza en el amor de María.

La jornada llegó a su culmen con la renovación de la Alianza de Amor de todos los presentes y la quema del Capital de Gracias. En este gesto, tan propio de la espiritualidad de Schoenstatt, se elevaron simbólicamente al cielo los esfuerzos cotidianos, las buenas acciones y las obras realizadas por amor: todas esas respuestas concretas al llamado de la Virgen que expresan nuestro “aquí estoy”.

El Santuario se vistió de colores y luces que evocaban el fuego, acompañando este momento de profunda emoción. Pero la llama más importante fue la que se encendió en el corazón de cada peregrino: el fuego de una Alianza que impulsa a vivir con mayor entrega y a llevar la presencia de María a cada hogar y ambiente.

La Fiesta dejó una certeza renovada: María sigue llamando y contando con cada uno de sus hijos. Y nosotros queremos responderle no solo con palabras, sino con la vida, el servicio y el amor hecho obras.

Madre, me llamas, aquí estoy.

Scroll al inicio