Un cumpleaños vivido en familia: así vivieron los Servidores los 100 años de las Hermanas de María

Los 100 años de las Hermanas de María no fueron para los Servidores simplemente una celebración más. Fueron, ante todo, una fiesta de familia. Una fiesta que permitió agradecer, reencontrarse, compartir la alegría y celebrar juntos el camino recorrido de las Hermanas durante un siglo de misión.

En los días del festejo, el Santuario se llenó de rostros, abrazos, cantos y sonrisas. Llegaron miembros de distintas comunidades, de los diferentes Institutos de Schoenstatt, de las Federaciones, Familia de Schoenstatt de Paraguay y Uruguay, junto a tantos servidores y colaboradores que quisieron hacerse presentes para acompañar a las Hermanas en este cumpleaños tan especial.

“Fue un cumpleaños familiar”, resumía Irene, del equipo de Liturgia. Y esa palabra —familia— aparece una y otra vez en las voces de quienes vivieron la celebración. Para los Servidores, la relación con las Hermanas no se reduce a una tarea compartida: es un vínculo que se ha ido construyendo a lo largo de los años, en el servicio, en la misión y en la vida cotidiana del Santuario.

Irene destacaba también la alegría de poder compartir el festejo con los papás de las Hermanas, que participaron de la celebración y fueron parte de ese momento tan familiar. Y, con humor, agradecía que las propias Hermanas hubieran asumido buena parte de la organización: “Ellas hicieron todo y corrieron para todos lados”. Entre globos, torta, cantos y sorpresas, la celebración tuvo el clima sencillo y alegre de un verdadero cumpleaños.

Para los Servidores del equipo de misión en el parque, estos días fueron también una oportunidad para experimentar de manera especialmente fuerte el cariño recibido y el sentido de pertenencia a una gran familia. “Cada vez más familia”, expresaba Martín. Una familia numerosa, capaz de reunirse incluso en un día frío y llenar el Santuario de alegría”.

La emoción estuvo presente en muchos momentos. “La llegada de hermanos de distintas comunidades, los abrazos, los reencuentros y hasta la esperada suelta de globos fueron vividos como regalos. También las palabras de los obispos dejaron una huella especial, renovando la esperanza en una Iglesia viva y en un futuro fecundo para la misión” nos compartía Sandra.

Para Romina y Gastón, de la Liga Apostólica de Familias, fue una alegría muy grande poder celebrar juntos este aniversario, aportando también con el coro de una de las Santas Misas a una celebración que sintieron profundamente familiar.

Entre los Servidores estuvo también muy presente la gratitud por el camino de las Hermanas y por su entrega generosa. Mari Perrotta evocó aquellas palabras del Padre Kentenich dirigidas a las primeras Hermanas jóvenes que partían desde Alemania hacia la misión: “Sangre joven, ¿a qué te atreves?”. Al contemplar los frutos de aquellos primeros pasos, expresó su admiración por aquellas mujeres que lo dieron todo y por la fecundidad que hoy se puede contemplar en tantos lugares del mundo.

“Ese sueño tuvo un inicio y por gracia de Dios nunca se detuvo”, expresó Mari, reconociendo en estos cien años una historia sostenida por la gracia y por la respuesta generosa de tantas Hermanas. Y sintetizó su vivencia con una expresión que atravesó también muchos de los testimonios: Schoenstatt como una familia guiada por el amor maternal de María y sostenida por el Espíritu Santo.

La celebración fue también una oportunidad para mirar hacia adelante. “Gracias por su entrega total a la Obra, vamos por más”, fue el sencillo mensaje de Griselda. Porque celebrar cien años no significa solamente mirar el camino recorrido, sino renovar la confianza en todo lo que todavía queda por vivir y construir.

La alegría del centenario llegó incluso desde lejos. Desde el Santuario de María Rosa Mística, en Montegalli, Italia, hicieron llegar un saludo para unirse a los festejos y agradecer a las Hermanas por su sí, por su amor y por todo lo que entregan. También desde allí Pablo y Griselda quisieron expresar el deseo de que la misión siga creciendo y dando frutos.

Y en el corazón de los Servidores quedó, sobre todo, el agradecimiento. A la Mater, por haberlos convocado y acompañado; al Padre Kentenich, por la inspiración de una Obra que continúa dando frutos; y a cada Hermana, por su entrega cotidiana y por el vínculo de familia construido a lo largo de tantos años.

René y Evelina nos decían: “Los 100 años de las Hermanas de María se celebraron con una gran fiesta. Pero, más profundamente, se celebraron juntos, como Familia. Con cantos, abrazos, lágrimas, sonrisas, globos y torta; con personas que llegaron desde lejos y con quienes sirven cada día en el Santuario; con las familias, los jóvenes, los colaboradores y tantos hermanos unidos por un mismo amor”.

Fue, como expresó Mari, “una fiesta que llenó el corazón”.

Una fiesta para agradecer el pasado, celebrar el presente y decir, con alegría y esperanza: vamos por más!

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