Más de 200 mujeres de la Rama de Madres de Schoenstatt de distintos puntos del país se reunieron en el Santuario de Nuevo Schoenstatt para compartir una experiencia de fe, formación y encuentro. Bajo el lema «Mujer, custodia tu humanidad», un grupo de mamás de la diócesis de Quilmes se sumó a esta jornada que invitó a redescubrir la dignidad de la mujer, el valor de los vínculos y la misión de María como modelo de maternidad.
Del 23 al 25 de octubre de 2026, Nuevo Schoenstatt fue lugar de encuentro para madres de distintas regiones de la Argentina que participaron de la Jornada Nacional de Madres 2026. Fueron días de oración, formación, intercambio y de vínculos, inspirados en el lema «Mujer, custodia tu humanidad» y en el mensaje de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV.
Entre las participantes estuvieron 8 mamás de la diócesis de Quilmes acompañadas por la.Hna Alejandra, que vivieron la alegría de encontrarse con mujeres de distintas edades y realidades, unidas por la fe y el deseo de crecer en su vocación de madres.
Un encuentro que ensancha el corazón

«Disfruté mucho de compartir con hermanas en la fe de todo el país. Conocí gente de Mendoza, Santa Fe, Tucumán, Corrientes… ¡Una maravilla!», compartió Sonia al recordar su experiencia.
El encuentro permitió descubrir la riqueza de una familia que se extiende más allá de las propias comunidades. Madres jóvenes y abuelas, mujeres con diferentes historias y experiencias de vida, pudieron reconocerse unidas por un mismo ideal: María, modelo para toda mamá.
La jornada ofreció espacios de reflexión y propuestas prácticas para profundizar en los desafíos de la mujer en el mundo actual -según el ideal de mujer que el Padre Kentenich vió reflejado en María santísima- y en el marco de la encíclica del Papa León: Magnifica Humanitas. Las participantes pudieron elegir entre distintos talleres que abordaron temas como la dignidad femenina, la educación entre generaciones, el impacto de las pantallas en los vínculos, la libertad interior, el cuidado de la creación y por sobre todo el cuidado y la custodia de la humanidad.
Algunas de las mamás de Quilmes destacaron especialmente la experiencia del taller vinculado con la dignidad de la mujer y valoraron los materiales y libros compartidos durante el encuentro.
Cientos de rosarios, una misma oración

Uno de los momentos más emotivos fue el empaquetado de rosarios destinados a los voluntarios que participarán de la visita del Papa León XIV a la Argentina.
Mariel compartió lo que significó esta experiencia: «La experiencia más linda fue tener en nuestras manos los rosarios rezados que la gente donó para los voluntarios que van a estar en la venida del Papa. Rezamos juntas, las más de 200 mamás, dos rosarios mientras trabajábamos en el empaquetado de los mismos. Creo que nunca en mi vida había tenido tantos rosarios en mis manos: ¡fueron miles! Fue muy emocionante».

Cada rosario recibido y preparado se convirtió así en un signo concreto de oración y servicio. No se trató solamente de organizar un material para los voluntarios, sino de poner en manos de María la próxima visita del Santo Padre y acompañarla espiritualmente con la oración.
«Fue lindísimo estar todas juntas bajo un mismo ideal: rezar por el Papa», agregó Mariel. Y destacó la presencia de mujeres de todas las generaciones, desde las madres jóvenes hasta las abuelas, reunidas en torno a María como modelo de maternidad.

Una experiencia para agradecer
La Jornada Nacional fue también una oportunidad para renovar la alegría de la fe y llevar nuevas fuerzas a la vida cotidiana. El encuentro, los talleres, la oración compartida y los gestos concretos de servicio dejaron en las participantes una profunda experiencia de gratitud.
Para las mamás de la diócesis de Quilmes, haber formado parte de esta convocatoria nacional significó descubrir, una vez más, que la maternidad se vive de muchas maneras, pero encuentra en María una fuente de inspiración común.

Volvieron con la alegría de haber compartido la fe con mujeres de todo el país y con el desafío de custodiar la propia humanidad y la de quienes les fueron confiados: cuidar la dignidad de cada persona, cultivar los vínculos y hacer presente el amor de Dios en los pequeños gestos de cada día, sobre todo cuando do nos toca cuidar la vulnerabilidad del otro.
Cuando las madres se encuentran, rezan y se acompañan, también se fortalecen para seguir construyendo, desde sus hogares y comunidades, una cultura que cuide y valore la vida humana.
El Santuario de Nuevo Schoenstatt invita a todas las madres de se quieran sumar, a recorrer este camino de fe que llena de esperanza.